sábado, 8 de agosto de 2009

Roble

Irma se enferma muy poco, casi nadie en su familia recuerda haberla visto en cama más de un día. Ella alardea con su salud de roble, pero en el fondo sabe que no se enferma porque, si llega a caer un par de días, esa casa se viene abajo. Nadie encontraría algunos elementos de limpieza, no se harían las compras, se pasaría hambre y más de uno no sabría qué hacer sin sus órdenes. Las pocas veces que se enfermó, la mayor tomó la posta y demostró que había aprendido mucho de Irmi.

Aunque nunca se lo confesó a nadie, Irma sueña con lo grande. No quiere tener una gripe y pasarse una semana empotrada en su cama. Preferiría una internación en una clínica de lujo, que le sirvan las comidas en bandejas de aluminio ("como en los aviones") y hasta se ilusiona con la chance de dormir sola, en una cama reclinable y sin los ronquidos de Orlando. Se imagina algo similar a un spa, pero con médicos churros y enfermeras dóciles.

3 comentarios:

madre hay una sola dijo...

Cuando lo tuve al Fede amé mi habitación, la comida en bandejita, la tele con cable, la cama a control remoto, el bañito privado y todo mío. Eso es vida.

Bea dijo...

Roble, es extraordinario.

Anónimo dijo...

A Irmi me la imagino con una cicatriz que le atraviesa la panza... puede ser que se haya operado "de la vesícula" cuando no se conocía la microcirugía?