jueves, 9 de octubre de 2008

Orlando Morfoni

Orlando no conoce las mañas a la hora de enfrentar un plato de comida. Prefiere más algunos sabores que otros, pero no le hace asco a casi nada. ¿Pastas? Venga. ¿Comida regional? ¡Adentro! ¿Carne, pollo o pescado? Los tres, por favor. ¿Mondongo, lengua, ravioles con seso? El no puede entender por qué a la gente le da asco probarlos.

Orlando se podría pasar el día comiendo y hablando de comida, porque luego de cada cosa que come, llega el comentario obligado ("estaba un poco pasado"; "lo prefiero más cocido"; "a vos te sale más rico, Irma").

Otro ejemplo de su voracidad: le gustan absolutamente todas las facturas. Desde las más calóricas, como la bola de fraile, hasta las clásicas, como los churros o los vigilantes. La tortita negra las moja en café con leche (la pasta que se forma en el fondo de la taza se la come con cucharita) y a las medialunas viejas las come con jamón y queso (ese bocadillo lo prepara él y se lo sirve a Irma como si hubiera cocinado un manjar irrepetible).

Eso sí, las innovaciones gastronómicas, como lo agridulce, le parece que es "cosa de chiquilines" y prefiere ni acercarse.

3 comentarios:

Cata dijo...

Para Orlando el sushi y esas cosas modernas no son comidas. Tampoco las empanadas consitutyen una cena en sí, sino que pueden ser consideradas la antesala del asado o algo que está por venir.

BerNa dijo...

Orlando no calienta su yogur en la estufa para que no este frio?

o le mete pedazos de banana a su sopa de verduras?

Cata dijo...

Orlando no come yogur... En cambio Irma se mata a Activia y todo lo que sea Ser porque es "sano". Irma inisite en que Orlando también se sume a la cruzada Actimel pero Orlando cree que esa es otra de las cosas con la que la psicóloga le llena la cabeza a Irma.