Mostrando entradas con la etiqueta en persona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta en persona. Mostrar todas las entradas
jueves, 6 de mayo de 2010
Orlando en una verdulería
Eran más de las 20 y Orlando hacía las compras en la verdulería antes de volver a su casa. Tenía bigotes, anteojos, una panza gigantesca sobre un cinturón que pedía refuerzos. Su dominio sobre el local era total. Lo conquistó durante el rato en el que estuvo. Por la confianza con la que se movía, se notaba que es un cliente habitual. Elegía con sus manos cada alimento que llevaba: miraba las manzanas de cerca, apretaba los tomates para ver cuál era el más madurito, dejó en el estante aquello que no le convenció y le metió mucho ritmo a la compra. Lo atendía el encargado del lugar, que habitualmente hace chistes y es muy pícaro para tentar al cliente con distintas ofertas. Ante Orlando estaba mudo y se limitaba a pesar aquello que le traía y en hacer la cuenta de la compra.
Etiquetas:
en persona
miércoles, 13 de enero de 2010
En Atalaya
Laura, una fiel lectora de este blog, hace poco nos mandó unas fotos y un video de una Irma y un Orlando en Atalaya. Si alguno no la conoce, cabe aclarar que Atalaya es esa mítica confitería que está en Chascomús, que tiene unas medialunas históricas y que el paso por sus instalaciones es una parada clásica para los viajeros que van a Mar del Plata en auto. Por cuestiones de confidencialidad y de principios, decidimos no publicar las imágenes pero haré el mejor intento por describirlas.
Empecemos por Orlando, que luce una bermuda Adidas original con una camisa blanca que parece una carpa. Él, no podía se de otra manera, se pidió el clásico café con leche con medialunas. Atalaya no es el lugar indicado para probar sabores nuevos. Acá, no importa la temperatura, se pide café con leche con medialunas, que son un lujo. Ella, con anteojos negros en su cabeza, intentó no dejarse arrastrar por el rebaño y se tomó una cervecita con un pebete de jamón y queso. Irmi se siente una revolucionaria yendo en contra de lo obvio. En el video, Irma mueve mucho las manos al hablar, como si eso lograra sacar a Orlando de esa parálisis en la que parece sumergido. Y bueno, manejar lo cansa mucho aunque a él no le guste admitirlo.
Empecemos por Orlando, que luce una bermuda Adidas original con una camisa blanca que parece una carpa. Él, no podía se de otra manera, se pidió el clásico café con leche con medialunas. Atalaya no es el lugar indicado para probar sabores nuevos. Acá, no importa la temperatura, se pide café con leche con medialunas, que son un lujo. Ella, con anteojos negros en su cabeza, intentó no dejarse arrastrar por el rebaño y se tomó una cervecita con un pebete de jamón y queso. Irmi se siente una revolucionaria yendo en contra de lo obvio. En el video, Irma mueve mucho las manos al hablar, como si eso lograra sacar a Orlando de esa parálisis en la que parece sumergido. Y bueno, manejar lo cansa mucho aunque a él no le guste admitirlo.
Etiquetas:
en persona
sábado, 3 de octubre de 2009
Paseo en auto
A bordo de un Renault 12 que va a paso de hombre por Acuña de Figueroa a la altura de las flores.
Un Orlando envejecido, flaco, consumido por las preocupaciones, al volante. A su lado, una Irma también mayor toma café de la tapa de un termo.
No se miran, no charlan, no se ríen. Quizás en la cuadra siguiente, Irma va a reclamar, al borde del puchero: "No me sacás nunca, Orlando, y cuando me sacás, no sé para qué, si no me hablás". Orlando, mientras tanto, ajeno a los pensamientos de Irma, maneja despacio para que ella no se queme con el café, pero no se lo dice.
Un Orlando envejecido, flaco, consumido por las preocupaciones, al volante. A su lado, una Irma también mayor toma café de la tapa de un termo.
No se miran, no charlan, no se ríen. Quizás en la cuadra siguiente, Irma va a reclamar, al borde del puchero: "No me sacás nunca, Orlando, y cuando me sacás, no sé para qué, si no me hablás". Orlando, mientras tanto, ajeno a los pensamientos de Irma, maneja despacio para que ella no se queme con el café, pero no se lo dice.
Etiquetas:
en persona
miércoles, 9 de septiembre de 2009
En persona (otra vez en una heladería)
El fin de semana pasado volvimos a ver a un par de Irma y Orlando. Era una noche bastante fresquita, pero se ve que Irmi se antojó con un heladito y arrastró a su Orlando hasta una heladería que está en la esquina de Lambaré y Corrientes.
Ella estaba sentada de cara a la calle, como para mirar a quienes pasaban por la vereda. Él había agarrado una revista para matar el tiempo y se lo veía aburrido (no había tele en el local). No nos animamos a mirarlos durante mucho rato, pero logré divisar que los gustos que Irma había elegido eran bastante cremosos.
Otros Irma y Orlando en otra heladería, acá.
Y la primera vez que los vimos tomar heladito: acá y acá.
Ella estaba sentada de cara a la calle, como para mirar a quienes pasaban por la vereda. Él había agarrado una revista para matar el tiempo y se lo veía aburrido (no había tele en el local). No nos animamos a mirarlos durante mucho rato, pero logré divisar que los gustos que Irma había elegido eran bastante cremosos.
Otros Irma y Orlando en otra heladería, acá.
Y la primera vez que los vimos tomar heladito: acá y acá.
Etiquetas:
en persona
lunes, 20 de julio de 2009
Irma radial
Escuchamos la FM de San Andrés de Giles. Hits latinos, locutora, llamado en el aire.
LOCUTORA: Sí, quién habla.
OYENTE: Irma.
Mandó saludos, pidió un tema y felicitó por la radio. No podía ser de otra manera.
LOCUTORA: Sí, quién habla.
OYENTE: Irma.
Mandó saludos, pidió un tema y felicitó por la radio. No podía ser de otra manera.
Etiquetas:
en persona
lunes, 9 de marzo de 2009
Tú me estás dando mala vida
En el pullman del Luna Park, ayer, se avistaron Orlandos de variadas edades y clases sociales, sentados todos ellos, que habían ido a acompañar a sus esposas al recital de Manu Chao.
Sus Irmas son mujeres soñadoras, que coinciden con Galeano en que "la utopía es como el horizonte" y que se calientan con Manu.
Los Orlandos preferirían haberse quedado en casa mirando fútbol por la tele, e invertir la plata de la entrada en un cochinillo. Pero las Irmas no iban a ir solas de ninguna manera, y era preferible acompañarlas tres horitas que aguantarse el reproche eterno.
Sus Irmas son mujeres soñadoras, que coinciden con Galeano en que "la utopía es como el horizonte" y que se calientan con Manu.
Los Orlandos preferirían haberse quedado en casa mirando fútbol por la tele, e invertir la plata de la entrada en un cochinillo. Pero las Irmas no iban a ir solas de ninguna manera, y era preferible acompañarlas tres horitas que aguantarse el reproche eterno.
Etiquetas:
en persona
domingo, 22 de febrero de 2009
En el remate
Irma y Orlando en persona, en el remate de San Andrés de Giles:
Orlando es grandote, de pelo entrecano medio largo y boina (es un Orlando de campo). Irma tiene mucha pinta de tana del norte, pelo corto rubión, ojos claros, delgada, bastantes arrugas (consecuencia del sol) y crucifijo de plata.
Están en el remate de San Andrés de Giles. Siempre compran o venden alguna cosa.
Irma se paró al lado de un lote que se ve que le interesa: unas cuantas macetas de plástico, una regadera amarilla, dos mangueras. "¡Qué lindas macetas!", le dice a su Orlando. Pero él no le contesta. Andá a saber en qué está pensando. Si en la máquina de cortar pasto que tiene cortado el cable, o en las estanterías metálicas que puede llevar de a pares o de a una. Cuestión que no pesca la indirecta. Faltan cada vez menos lotes. Irma mira a su Orlando buscando un contacto visual que no se produce. Él sigue hipnotizado por el martillero. "20, 22, 24, quién da más". Llegan al lote de las macetas. "Arranque en 10", dice el martillero, pero Orlando no se da por aludido. Irma baja la cabeza. "No va más". Una vecina se lleva las macetas.
Seguro que esta noche le recrimina: "nunca comprás nada para mí, Orlando".
Orlando es grandote, de pelo entrecano medio largo y boina (es un Orlando de campo). Irma tiene mucha pinta de tana del norte, pelo corto rubión, ojos claros, delgada, bastantes arrugas (consecuencia del sol) y crucifijo de plata.
Están en el remate de San Andrés de Giles. Siempre compran o venden alguna cosa.
Irma se paró al lado de un lote que se ve que le interesa: unas cuantas macetas de plástico, una regadera amarilla, dos mangueras. "¡Qué lindas macetas!", le dice a su Orlando. Pero él no le contesta. Andá a saber en qué está pensando. Si en la máquina de cortar pasto que tiene cortado el cable, o en las estanterías metálicas que puede llevar de a pares o de a una. Cuestión que no pesca la indirecta. Faltan cada vez menos lotes. Irma mira a su Orlando buscando un contacto visual que no se produce. Él sigue hipnotizado por el martillero. "20, 22, 24, quién da más". Llegan al lote de las macetas. "Arranque en 10", dice el martillero, pero Orlando no se da por aludido. Irma baja la cabeza. "No va más". Una vecina se lleva las macetas.
Seguro que esta noche le recrimina: "nunca comprás nada para mí, Orlando".
Etiquetas:
en persona
martes, 7 de octubre de 2008
Orlandos en Costanera Norte
Ayer pasamos por Costanera Norte y hubo avistaje de Orlandos varios.
Un Orlando y su Irma estaban sentados en un banco, en silencio, mirando el río y comiendo del paquete tostadas Riera.
Y tres Orlandos panza al aire pescaban mientras uno de ellos comentaba que en la Argentina se encontró el dinosaurio más antiguo.
Un Orlando y su Irma estaban sentados en un banco, en silencio, mirando el río y comiendo del paquete tostadas Riera.
Y tres Orlandos panza al aire pescaban mientras uno de ellos comentaba que en la Argentina se encontró el dinosaurio más antiguo.
Etiquetas:
en persona
sábado, 4 de octubre de 2008
Joven Orlando de Belgrano
En un supermercado chino del barrio ídem escuché cuando la radio anunciaba que al día siguiente se iban a inaugurar los carriles exclusivos para colectivos, en distintas zonas de la ciudad. Mientras agarraba un sushi de la heladera, un joven Orlando de Belgrano le comentó a su novia "mañana va a ser un quilombo esto"
Etiquetas:
en persona
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Kiosqueros
El viernes a la noche, estábamos antojados de helado de kiosco. En un comercio del ramo, sobre Medrano, atendía un matrimonio de unos setenta años (de edad, no de matrimonio).
Ella nos preguntó con bastante mala onda qué queríamos. Helado, dijimos desde atrás de la reja. Él fue hasta la heladera y con paciencia nos fue cantando cada gusto de Epa y Conogol, con sus coberturas y sus salsas. Cuando vio que la descripción no nos alcanzaba para tomar una decisión, nos acercó los diferentes helados hasta la reja para que eligiésemos.
Hasta ahí no sospechamos nada, pero cuando ella le preguntó, vigilante: "¿Qué llevan, Humberto?", supimos que estábamos ante una versión en persona de Irma y Orlando.
¿Cómo llegaron a esto?
Los años pasaron, los chicos crecieron y se fueron, Orlando cambió de rubro y se puso el kiosco, muy bien no le fue e Irma no tuvo más remedio que dar una mano. Rápida, se parapetó en la banqueta, detrás de las golosinas y debajo de los cigarrillos, y desplazó a Orlando al fondo. Pero la atención al público no es lo suyo. Está obligada a relacionarse con gente que no elegiría y no lo tolera. (Recordemos que Irma es ama de casa). Para colmo, cree que Orlando lleva mal el negocio, peor, que siempre lo llevó mal y ella no supo darse cuenta a tiempo, y eso ocasionó peleas cruentas hasta que Orlando bajó los brazos y se entregó.
Pero aunque ahora es la que lleva los pantalones también en el negocio, o quizás precisamente a causa de esto, Irma está amargada. Orlando no sabe qué hacer para que recupere la vivacidad de siempre. Extraña la época en que tenía que decirle "Cómo hablás, Irma". Multiplica esos gestos solícitos que en otra época hacían que Irma se sintiera halagada (pelarle la fruta, secar los platos), pero a ella le parece que esas atenciones no difieren de las que le brinda a los clientes. Se cansó de querer que Orlando haga algo más y no terminó de aceparlo tal como es.
Irma está resentida y Orlando, perdido. Ya ni discuten. Las horas pasan lento en el kiosco y mucho más lento de noche. Y encima estos dos locos que no saben qué helado quieren, a esta hora de la madrugada y con el frío que hace.
Ella nos preguntó con bastante mala onda qué queríamos. Helado, dijimos desde atrás de la reja. Él fue hasta la heladera y con paciencia nos fue cantando cada gusto de Epa y Conogol, con sus coberturas y sus salsas. Cuando vio que la descripción no nos alcanzaba para tomar una decisión, nos acercó los diferentes helados hasta la reja para que eligiésemos.
Hasta ahí no sospechamos nada, pero cuando ella le preguntó, vigilante: "¿Qué llevan, Humberto?", supimos que estábamos ante una versión en persona de Irma y Orlando.
¿Cómo llegaron a esto?
Los años pasaron, los chicos crecieron y se fueron, Orlando cambió de rubro y se puso el kiosco, muy bien no le fue e Irma no tuvo más remedio que dar una mano. Rápida, se parapetó en la banqueta, detrás de las golosinas y debajo de los cigarrillos, y desplazó a Orlando al fondo. Pero la atención al público no es lo suyo. Está obligada a relacionarse con gente que no elegiría y no lo tolera. (Recordemos que Irma es ama de casa). Para colmo, cree que Orlando lleva mal el negocio, peor, que siempre lo llevó mal y ella no supo darse cuenta a tiempo, y eso ocasionó peleas cruentas hasta que Orlando bajó los brazos y se entregó.
Pero aunque ahora es la que lleva los pantalones también en el negocio, o quizás precisamente a causa de esto, Irma está amargada. Orlando no sabe qué hacer para que recupere la vivacidad de siempre. Extraña la época en que tenía que decirle "Cómo hablás, Irma". Multiplica esos gestos solícitos que en otra época hacían que Irma se sintiera halagada (pelarle la fruta, secar los platos), pero a ella le parece que esas atenciones no difieren de las que le brinda a los clientes. Se cansó de querer que Orlando haga algo más y no terminó de aceparlo tal como es.
Irma está resentida y Orlando, perdido. Ya ni discuten. Las horas pasan lento en el kiosco y mucho más lento de noche. Y encima estos dos locos que no saben qué helado quieren, a esta hora de la madrugada y con el frío que hace.
Etiquetas:
en persona
lunes, 28 de julio de 2008
Dos Orlandos
El viernes pasado fuimos al teatro y allí nos encontramos a dos Orlandos, muy distintos entre sí.
Al primero lo descubrimos en la cola, estaba delante nuestro con una señora que no era Irma. Era morrudo, aunque petiso y tenía una cartera en su mano, de esas cuadradas, con correa y broche en el medio. Más tarde lo vimos adentro del teatro y ya había entrado en calor, así que pudimos ver que usaba la camisa a cuadros muy metida adentro de un jean que casi estaba a la altura del ombligo.
En nuestra misma fila, aunque exactamente en el otro extremo, vimos al otro Orlando. Parecía ser más bien grandote, aunque no lo pudimos comprobar porque no lo vimos de pie. Era pelado, los pocos pelos que tenía eran canosos y se durmió toda la obra, con los brazos cruzados y la cabeza hacia abajo. Cada tanto, cuando se prendían las luces o cuando alguien hablaba muy fuerte, levantaba la cabeza lentamente, abría los ojos, miraba al escenario y automáticamente emprendía el camino inverso: cerraba los ojos y volvía a agachar la cabeza. En cambio, su Irma vio toda la obra muy atenta, con la cartera sobre su falda.
Por cierto, la palabra 'falda' es muy Irmi.
Al primero lo descubrimos en la cola, estaba delante nuestro con una señora que no era Irma. Era morrudo, aunque petiso y tenía una cartera en su mano, de esas cuadradas, con correa y broche en el medio. Más tarde lo vimos adentro del teatro y ya había entrado en calor, así que pudimos ver que usaba la camisa a cuadros muy metida adentro de un jean que casi estaba a la altura del ombligo.
En nuestra misma fila, aunque exactamente en el otro extremo, vimos al otro Orlando. Parecía ser más bien grandote, aunque no lo pudimos comprobar porque no lo vimos de pie. Era pelado, los pocos pelos que tenía eran canosos y se durmió toda la obra, con los brazos cruzados y la cabeza hacia abajo. Cada tanto, cuando se prendían las luces o cuando alguien hablaba muy fuerte, levantaba la cabeza lentamente, abría los ojos, miraba al escenario y automáticamente emprendía el camino inverso: cerraba los ojos y volvía a agachar la cabeza. En cambio, su Irma vio toda la obra muy atenta, con la cartera sobre su falda.
Por cierto, la palabra 'falda' es muy Irmi.
Etiquetas:
en persona
domingo, 6 de julio de 2008
Heladito
Avenida La Plata, sábado a la medianoche. De la sombra de la noche, de la nada, nos salieron al cruce Irma y Orlando.
Él era bastante pelado, panzón, con anteojos. Ella, petisa, gordita, de pelo teñido de rubio ceniza claro claro o así. Los dos calzaban zapatillas.
Creo que iban de la mano.
(Algo recuerdo y algo me invento).
El Jose fue el que dijo “Irma y Orlando”. Y yo fui la que propuso seguirlos.
Dimos media vuelta y los vimos entrar a la heladeria de la esquina. ¡Irma y Orlando, en zapatillas, habían salido a tomar un heladito!
Ya en la heladería, presenciamos cómo Orlando sacaba muchos billetes del bolsillo, seleccionaba cuidadosamente uno, se lo daba a Irma e iba a sentarse a una mesa con su mejor cara de embole. Irma se acercaba a la caja y hacía su pedido. Por más que me acerqué, no llegué a escuchar de qué tamaño pedía. Sí oí su voz aguda y animosa, y la imaginé pidiendo un helado de fruta porque a Orlando la médica le recomendó que no tome de crema, por el colesterol. Ella, en cambio, se pedía uno bien goloso.
Era mi turno y el cajero me preguntó de cuánto queríamos, y como no queríamos ningún helado porque estábamos por ir a comer tacos a la casa de una amiga, nos tuvimos que alejar.
Atrás quedaron ellos, sentados a la mesa, saciando ese antojo de dulce que les da un buen rato después de comer, Irma hablando mucho, Orlando contestando poco, hasta que los dos dan cuenta del vasito, salen y se van, de la mano, de vuelta a casa.
Él era bastante pelado, panzón, con anteojos. Ella, petisa, gordita, de pelo teñido de rubio ceniza claro claro o así. Los dos calzaban zapatillas.
Creo que iban de la mano.
(Algo recuerdo y algo me invento).
El Jose fue el que dijo “Irma y Orlando”. Y yo fui la que propuso seguirlos.
Dimos media vuelta y los vimos entrar a la heladeria de la esquina. ¡Irma y Orlando, en zapatillas, habían salido a tomar un heladito!
Ya en la heladería, presenciamos cómo Orlando sacaba muchos billetes del bolsillo, seleccionaba cuidadosamente uno, se lo daba a Irma e iba a sentarse a una mesa con su mejor cara de embole. Irma se acercaba a la caja y hacía su pedido. Por más que me acerqué, no llegué a escuchar de qué tamaño pedía. Sí oí su voz aguda y animosa, y la imaginé pidiendo un helado de fruta porque a Orlando la médica le recomendó que no tome de crema, por el colesterol. Ella, en cambio, se pedía uno bien goloso.
Era mi turno y el cajero me preguntó de cuánto queríamos, y como no queríamos ningún helado porque estábamos por ir a comer tacos a la casa de una amiga, nos tuvimos que alejar.
Atrás quedaron ellos, sentados a la mesa, saciando ese antojo de dulce que les da un buen rato después de comer, Irma hablando mucho, Orlando contestando poco, hasta que los dos dan cuenta del vasito, salen y se van, de la mano, de vuelta a casa.
Etiquetas:
en persona
En persona
Ayer nos encontramos con Irma y Orlando en persona. Ibamos caminando por Alberdi, al 100 o al 200, cuando vimos venir a una pareja integrada por un tipo alto, robusto, panzón y con algunas entradas, pero no pelado, y por una señora teñida de rubio, de rulos, con anteojos y algo culona. Nos dimos cuenta de que eran Irma y Orlando, así que los seguimos, con el mayor sigilo posible, y entramos detrás de ellos a una heladería que estaba justo en la esquina.
Sin dirigirle una palabra ni una mirada, Orlando sacó los billetes del bolsillo (no tenía billetera), mientras ella esperaba que le diera el efectivo necesario para pedirse un heladito. Orlando eligió un billete de 10, que tenía entre otros dos de 20, y se fue a sentar a una mesa que estaba enfrente de la tele. Irma, contenta por dar ese paseíto nocturno y con la ilusión que genera elegir gustos de helado, encaró hacia el heladero, con el billete de 10 en la mano. Pese a que tenía la tele a pocos centímetros, Orlando miraba la calle, pensativo, a través del vidrio. Los dos usaban zapatillas.
Sin dirigirle una palabra ni una mirada, Orlando sacó los billetes del bolsillo (no tenía billetera), mientras ella esperaba que le diera el efectivo necesario para pedirse un heladito. Orlando eligió un billete de 10, que tenía entre otros dos de 20, y se fue a sentar a una mesa que estaba enfrente de la tele. Irma, contenta por dar ese paseíto nocturno y con la ilusión que genera elegir gustos de helado, encaró hacia el heladero, con el billete de 10 en la mano. Pese a que tenía la tele a pocos centímetros, Orlando miraba la calle, pensativo, a través del vidrio. Los dos usaban zapatillas.
Etiquetas:
en persona
Suscribirse a:
Entradas (Atom)