lunes, 26 de julio de 2010

Irma y el transporte

Irma nunca toma colectivo. Para distancias cortas, prefiere caminar. "Así hago ejercicio". Y si son muchas cuadras, espera que Orlando vuelva del negocio y la lleve (primera opción) o llama un remís. Nunca lo confesaría, pero tomar colectivo, a su edad, le parecería una caída libre en la escala social.

Igual guarda las monedas, para los chicos. Siente mucha satisfacción cuando le piden para el bondi y ella provee.

viernes, 23 de julio de 2010

Irma y Orlando y la propina

Irma y Orlando manejan distintos criterios a la hora de dejar propina. Ella espera recibir calidez, buen trato. Necesita sentirse escuchada. Si le atienden cada una de sus exigencias ("el cortado muy liviano", "la salsa aparte", "bien a punto, casi crudo"), recibirán el premio merecido.

Orlando paga para no ser molestado. Dice que sí a toda pregunta que le haga el mozo y se molesta si le dan a elegir demasiado. La propina que deje Orlando será inversamente proporcional a la molestia que le ocasionen. A más preguntas, menos plata. En ese caso, Irma se avergüenza y agrega unos pesos.

jueves, 24 de junio de 2010

Nos duele aceptarlo

A Irma los hijos no la respetan mucho. Están aburridos de escucharla decir siempre lo mismo y la cargan bastante. También la toman de punto cuando las cosas le salen mal, cuando se le quema una comida o quiere trasplantar una cretona y la mata. A veces se pasan y Orlando tiene que poner orden. Irma lo niega y sigue para adelante.

miércoles, 23 de junio de 2010

Ni una foto

"No sacamos ni una foto", se lamenta cuando desarma la canasta.

viernes, 11 de junio de 2010

La canasta de Irma

Escapada de fin de semana al Tigre. Irma, Orlando y los chicos salen de la casa hacia el muelle y quizás a dar una vuelta. Irma mete en la canasta: el mate, el termo y la yerbera, algo dulce (un paquete de galletitas o unas facturas que sobraron), la cámara de fotos, el diario y/o la revista, la radio a pilas, anteojos negros, el celular "por si llama mamá", pañuelos de papel, un saquito por si refresca (si es invierno), off y bronceador (si es verano).

Va a agarrar un abrigo para Orlando, pero él la frena, porque nunca tiene frío y porque sabe que va a terminar llevando él la canasta. Ahora que los chicos son grandes, no hay manera de encajársela a ellos.

jueves, 27 de mayo de 2010

Irma y los descartables

A pesar de la predilección de Irma por los "táper marca táper", a veces le sucede que no puede tirar los recipientes del delivery o algunos envases de plástico que le parecen de buena calidad. Los lava y los incorpora a su batería de utensilios. Siempre y cuando tengan tapa, en esto es inflexible.

Lo mismo le pasa con los vasos y platos descartables. Terminado el evento, se resiste a deshacerse de ellos, aunque ella misma los haya comprado a la luz de la deslumbrante idea "después los tiro y chau".

lunes, 24 de mayo de 2010

Orlando y los mundiales

Orlando nunca es optimista, así que su posición durante los mundiales es, por lo menos, escéptica. Se la pasa esperando que la Selección quede eliminada para jurar que él fue el primero en decir que ese equipo no iba a ningún lado. Aprovecha toda ocasión para criticar al plantel y a los técnicos, que nunca lo convencen. Basile le parecía un cabaretero, Passarella un autoritario, Bielsa un loco incomprensible y Pekerman un tibio que nunca podría salir campeón del mundo (aunque había dado dos mil vueltas con los juveniles, eso para él no contaba). También mira los partidos más importantes, como los de Brasil, Italia o Alemania. Esos equipos siempre le parecen muy superiores a la Argentina y dice cosas como "este es un equipo en serio".

Aunque critique al equipo hasta el cansancio, mira todos los partidos, grita los goles y aprovecha la excusa del Mundial para inculcarle el fútbol a su hijo varón. Lo sienta a su lado, le comenta todo, se dispersa, se pone melancólico y le cuenta qué jugadores vio en la cancha cuando era joven. A Irma la deja decir todo tipo de pavadas ("pobre muchacho, cómo le pegan" o bien "cómo corren") pero le pide por favor que no grite porque lo pone más nervioso. Hasta ahora, ningún novio de sus hijas se animó a sentarse en su sofá mundialista.

En un gesto que siente que lo enaltece como patrón, durante el Mundial le saca a una de sus hijas la tele que tiene en la pieza y la lleva al negocio para que sus empleados no se pierdan detalle.

domingo, 16 de mayo de 2010

Descripción de una grande con anchoas en una pizzería

"Mirá qué lindo", suspira Orlando.

Descripción de una chica delgada

"¡Es así de flaquita!", comenta Irma, y levanta el dedo meñique.

jueves, 6 de mayo de 2010

Orlando en una verdulería

Eran más de las 20 y Orlando hacía las compras en la verdulería antes de volver a su casa. Tenía bigotes, anteojos, una panza gigantesca sobre un cinturón que pedía refuerzos. Su dominio sobre el local era total. Lo conquistó durante el rato en el que estuvo. Por la confianza con la que se movía, se notaba que es un cliente habitual. Elegía con sus manos cada alimento que llevaba: miraba las manzanas de cerca, apretaba los tomates para ver cuál era el más madurito, dejó en el estante aquello que no le convenció y le metió mucho ritmo a la compra. Lo atendía el encargado del lugar, que habitualmente hace chistes y es muy pícaro para tentar al cliente con distintas ofertas. Ante Orlando estaba mudo y se limitaba a pesar aquello que le traía y en hacer la cuenta de la compra.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Planes

Orlando jamás es quien organiza una salida o una cena, mucho menos su cumpleaños. Es Irma la encargada de llamar a las parejas amigas o quien avisa que él va a hacer un asado.

La dinámica entre ellos es sencilla: Orly le comenta que tiene ganas de hacer un asado y ella se ocupa de la convocatoria. A Irma jamás se le ocurriría preguntarle por qué no llama él y él jamás va a levantar el tubo. Cada uno, a lo suyo.

viernes, 30 de abril de 2010

Desmentida

Irma no tiene mano verde.

Le gustan las plantas, pero no les dedica verdadera atención. Cuando alguna se le muere y le queda el hueco, compra otra.

domingo, 18 de abril de 2010

Hacía tiempo que lo sabíamos

La hija mayor de Irma y Orlando estudia derecho, contabilidad o administración de empresas en una universidad privada.

viernes, 9 de abril de 2010

La solidaridad empieza por el negocio

Orlando toma a su negocio como una manera de ayudar al prójimo. A sus amigos, para ser más exactos. Suele emplear como cadetes a muchos hijos (o sobrinos) de sus amigos, que son quienes les pagan el sueldo a sus propios chicos. Orlando se limita a hacerles el favor de soportarlos de 10 a 20 para que no estén en casa molestando ni dando vueltas por ahí.

Que no les pague de su bolsillo no implica que Orly no les haga sentir el rigor ni se queje porque "están todo el día con el celular". En el fondo, la idea es esa: hablar mal de los chicos con sus amigos y decir que son unos vagos, que hay que repetirle todo mil veces y que caminan arrastrando los pies.

martes, 6 de abril de 2010

Irmi y Liz

Así como Irma y Orlando se conmueven cuando un famoso pierde un hijo, Irma, que es tan romántica, se aflige cada vez que ve a Liz Solari en la propaganda de bandas depilatorias. "¡Pobrecita! ¡Tan rica chica!", dice, y se pregunta cuánto tardará en poder volver a enamorarse.

sábado, 3 de abril de 2010

Dilemas de Orlando

Irma, Orlando y los chicos van a pasar el fin de semana largo afuera, a unas cabañas, por ejemplo en Luján. No pasan ni dos horas antes de que el varón le pide a Orlando el auto para ir al pueblo. Orlando lo pesca al vuelo, pero se hace el boludo: "¿Para qué querés ir al pueblo?" El pibe confiesa que quiere un cyber. "¿No podés pasar un día sin meterte en internet?", dice Irma, entre el reto y la preocupación. "Acá no hay internet", dictamina Orlando, cerrando la cuestión.

Orlando se queda pensando que de todos modos debería repasar con él las clases de manejo que le dio en las últimas vacaciones. Pero le da miedo que le afane el auto en un descuido. Y como no puede admitirlo ni para él, se limita a esconder la llave y en ese fin de semana largo no hay clases de manejo para ninguno de los tres, por más que la menor se lo pida.

martes, 9 de marzo de 2010

Una foto para el asador

Cuando la situación lo amerita (la preparación de un cochinito o un lechón, un cumpleaños redondo, una visita especial), Irma y Orlando le sacan una foto a la parrilla mientras él prepara el asado. Luego, al mirarla, recordarán qué rico que estaba y cuánto se comió.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Vencimientos

Para Orlando no existe la fecha de vencimiento en los productos. Es un detalle en el que ni siquiera repara. Se come lo que sea, no importa lo que diga el envase. Para él, no deja de ser una novedad (y una ridiculez) que el pan tenga fecha de vencimiento, igual que los fideos o un pollo que compraron en el supermercado.

Se ríe cuando Irma tira cosas porque vencieron. Le pregunta cuándo vencía la leche que llevaba el lechero a su casa cuando era chica. "Eso era distinto, porque era más fresca y no tenía tantas porquerías", se justifica ella.

viernes, 19 de febrero de 2010

Puteadas bajas calorías

A menos que esté realmente enojada y quiera insultar, Irma no dice malas palabras. Recurre a las versiones bc de las puteadas, como "pucha digo", "dejate de jorobar", "no hablés al pepe", "me caigo y me levanto", "que lo tiró" y "que te pan con queso".

miércoles, 17 de febrero de 2010

Barajar y dar lo mismo

Cuando juegan a los naipes, Irma y Orlando lo hacen con la baraja española.

A Orlando no le gustan los juegos con cartas francesas. En realidad, nunca quiso aprender ninguno. Asocia esa baraja con el inframundo de los casinos y el vicio descontrolado.

Por su parte, Irma se marea con los palos y los nombres de las figuras. Además, aunque no lo dice para no discriminar, piensa que es la baraja con la que juegan los judíos. Un día vio a su hija menor jugando canasta con una amiga y no pudo evitar preguntarle a la nena después: "pero cómo, ¿son israelitas?".